MAR Córdoba Murcia

TERAPEUTA

en INTEGRACIÓN PSICOCORPORAL

Mi acompañamiento terapéutico se basa en los principios teóricos y metodológicos de la Integración Psicocorporal creada por Marc Costa.

Este marco terapéutico se caracteriza por un proceso profundo de reparación respetuosa del malestar que siente la persona, y que le impide expandir sus capacidades y potencial de vida.

Cuando, siendo adultos, sentimos algún tipo de desdicha, lo más frecuente es normalizar y automatizar las estrategias defensivas que construimos en la infancia para rehuir o minimizar el dolor que nos causó no haber sido vistos, reconocidos y sentidos amplia e incondicionalmente. Es decir, no haber sido atendidos en nuestras necesidades afectivas, además de materiales.

Por lo tanto, es una tarea indispensable conocer estas estrategias defensivas (otrora de supervivencia), y que tuvimos que crear para afrontar situaciones no deseables. Estas estrategias toman la forma de mecanismos de defensa, patrones y resistencias que piden ser observados, expresados y acompañados sin rechazo ni juicio.

Mi objetivo como acompañante y terapeuta es ir juntas/os al encuentro de tus rasgos de carácter (y sus correspondientes estructuras de carácter “patológicas”) para que conociéndolos (con todo el organismo, más allá de lo teórico-mental) puedas ir desactivándolos y vayan perdiendo la intensidad y la cualidad de control e identificación que ejercen en tu vida.  

El problema con los mecanismos de defensa es que los hemos convertido en lo que creemos ser, y desde ahí nos vemos, nos movemos y miramos el mundo. También desde ahí creamos nuestra realidad interna y externa, organizamos nuestras relaciones y gestionamos lo que nos pasa y lo que sentimos. Desvelar y desarmar este sofisticado y complejo engranaje defensivo humano no es fácil ni rápido. La terapia sirve a este propósito.

El proceso de comprensión de nuestra historia o bio personal lo hacemos con todo el cuerpo, por eso la integración psicocorporal. Lo que siente el cuerpo físico es lo mismo que lo que éste actúa a nivel cognitivo y sensoperceptivo (la “identidad funcional” de Wilhelm Reich).

Las tensiones, bloqueos o dolores corporales nos informan sobre los conflictos y su registro en el organismo. Necesitamos atenderlos para crear nuevos registros positivos con un contacto, por mi parte, que acompañe la labor de sincronía y expresión sentida.

El método de trabajo se basa en una relación terapéutica cercana, respetuosa, segura, no interpretativa, ni directiva o dirigida. No se trata de decirte lo que te pasa, sino de acompañarte a descubrir qué resistes, por qué lo resistes, y cómo te resistes a soltar lo conocido y repetido que actúas consciente e inconscientemente en tu día a día. Desde ahí, nuevos caminos se abren paso para el despliegue de una personalidad más plena y saludable.

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La Integración Psicocorporal en mi acompañamiento terapéutico

Terapia para adultos

Terapia para adultos

Las necesidades (materiales y afectivas) que no fueron cubiertas siendo niñas/os son las carencias en la edad adulta. Dicho de otra manera, los adultos creemos tener algunas necesidades que, en realidad, son carencias de nuestra edad infantil.

Comprender este vacío y el dolor que supuso y sigue suponiendo en el presente, forma parte del proceso de tomar conciencia y ocuparnos de lo que sentimos y hemos tenido que hacer para sobrellevarlo. Mientras nos culpamos o culpamos a los otros de lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos, no podemos ocuparnos, y eludimos nuestra parte de responsabilidad.

A un infante no le toca hacer esta responsabilización y reparación, ni dispone de las herramientas cognitivas que le corresponden por fase de crecimiento y desarrollo humano. Es por todo ello que mi acompañamiento terapéutico va dirigido a personas adultas.

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La elaboración de los contenidos biográficos

La elaboración de los contenidos biográficos

El objetivo no es ir al pasado o a la historia personal para encontrar culpables y quedarnos allí. El pasado fue y no lo podemos cambiar. Lo que sí podemos transformar es la relación que tenemos con las experiencias que vivimos en momentos de nuestra vida donde el sostén de nuestros padres (en primera instancia) y del entorno, no fueron favorables para el desarrollo de la persona y sus fases de evolución hasta la edad adulta.

El sentido y beneficio de las defensas versus el sinsentido y perjuicio de éstas

Venimos al mundo con un tipo de impulso que va hacia la vida. Y nos encontramos con un mundo hostil que se opone a ese impulso vital (que representa la salud).

Frente a una adversidad, una estrategia defensiva. Bien entendido y en un escenario de supervivencia, esta reacción del organismo es saludable. En realidad, se trata de una cuestión de vida o muerte. Pero cuando esta reacción forma parte de un modus operandi en nuestro día a día, donde la amenaza real ya no está, pero pervive y se encarna en otras situaciones y relaciones, entonces la defensa se ha hecho patológica y controladora.

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Trabajamos con las defensas (mecanismos de defensa) para desactivarlas porque las hemos convertido en la única e inamovible manera que tenemos de funcionar y gestionar el presente, o la manera de ver y relacionarnos con nosotros mismos y con el mundo. Llega un momento en el que la amenaza externa ya pasó (o fue) y, por tanto, la función de la defensa ya no tiene razón de ser; pero seguimos convocándola internamente para no obligarnos a cambiarlo, y que además resiste fuertemente en la memoria celular por conocido y antiguo.

Nos acorazamos y acabamos siendo nuestra propia prisión (y enfermedad) con la que nos identificamos y donde nos instalamos pesadamente y a costa de mucha energía (o incluso, de toda la energía de la que disponemos). Querer desactivar todo este sofisticado y complejo engranaje defensivo humano no es fácil. Pero sólo desactivando o haciendo que pierda intensidad el “patrón” podemos tener acceso a nuevas experiencias que hablan de ese “sí mismo” que somos. La terapia sirve a este propósito, en un recorrido que pide tiempo y paciencia.

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Con (todo) el cuerpo

Lo que se entiende con la cabeza a nivel mental, teórico o intelectual no es consciencia, y puede incluso reforzar la estructura de carácter defensiva del paciente. Es cuando el cuerpo puede abrirse a sentir lo pensado cuando tiene lugar la creación de espacios internos nuevos donde nada actúa por separado.

No es que la dimensión física, mental, emocional, energética o espiritual estén interrelacionadas en el cuerpo humano, es que todas son uno y lo mismo o, dicho corto y rápido, son el cuerpo.

Creer que sentimos porque una parte del cuerpo piensa, responde más a un mecanismo afianzador de la disociación e insensibilización corporal que a una experiencia de integración consciente.

Por lo tanto, hablar de todo el cuerpo es en realidad un pleonasmo. Basta decir con el cuerpo (integración psicocorporal).

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La relación terapeuta – paciente

Llegamos al mundo en relación (el vínculo nutricio con la madre). Y es en relación como podemos sanar nuestras relaciones como adultas/os.

El acompañamiento terapéutico es una experiencia restaurativa de la necesidad de condiciones externas favorables para un desarrollo interno favorable. Pero, dar por hecho que la relación (terapéutica) repara por sí sola no es correcto. Cura la calidad de la relación, en un ambiente seguro y respetuoso que permite, con dedicación, amor y al ritmo del paciente, poder ir más allá del análisis para poder entrar a confrontar la estructura de carácter.

Tener y sentir una relación-reparadora-terapéutica pide tiempo, el compromiso del paciente con su proceso y el arte y oficio del terapeuta.

Durante el proceso, además del trabajo con las defensas, se suma el de la transferencia y contratransferencia, campo abonado en las sesiones. Así como la exploración de las dificultades y conflictos relacionales que, en un marco seguro, proporciona herramientas para hacerlos conscientes y facilitar su elaboración. La dinámica de fuerzas entra en cuestión y la “homeostasis neurótica” busca a toda costa permanecer. Sentir esto forma parte del proceso y de la relación entre paciente y terapeuta.

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El giro sentido

He acuñado esta expresión para referirme a una de las aportaciones de la Terapia en Integración Psicocorporal. Se trata de un punto de inflexión sin marcha atrás que crea memoria o registro corporal de nuevas experiencias de amplitud y espacio interno.

No significa que sean agradables, indoloras o que supongan la transformación total o la cura terapéutica. Significa que se ha dado un paso necesario para dar el siguiente. Esto puede ser tan alentador como frustrante. En cualquier caso, es inherente al proceso de autoconocimiento de nuestras luces y sombras en el desarrollo personal basado en el sentir, la conciencia y el amor.

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Marc Costa Seguí (Piera, 1943 – junio 2024) fue psicólogo y psicoterapeuta, creador del sistema psicoterapéutico titulado Terapia en Integración Psicocorporal (TIP). Además, y a lo largo de 30 años, se dedicó a la formación de terapeutas, y durante 40 años de trabajo continuado, a la práctica de la psicoterapia individual y de grupo.

Fundó la Escuela de Terapia en Integración Psicocorporal (ETIP) cuyos orígenes se remontan al primer grupo de formación creado en 1989. La intensa labor psicoterapeuta y formativa generada desde entonces, le llevó a crear y dirigir en 1990 la Asociación Catalana de Terapia en Integración Psicocorporal (ACTIP) que ofrece el marco profesional y legal para organizar formaciones y otras actividades de investigación.

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La Terapia en Integración Psicocorporal es un sistema psicoterapéutico creado y estructurado por Marc Costa.

Su seña de identidad es el trabajo sistemático y pormenorizado con los mecanismos de defensa patológicos, a través de una relación terapéutica humana e implicada, haciendo uso de una elaboración minuciosa no interpretativa de los mismos, y mediante una búsqueda persistente de la sincronía entre todos los niveles: psíquico, corporal y emocional.

Su objetivo es llegar al núcleo de los conflictos inconscientes del paciente con la finalidad de intentar deconstruir la estructura defensiva y patológica y, en última instancia, transformar la personalidad.

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